No seamos tropiezo

  Introducción.
Lo que todo fiel cristiano debe de recordar, es que no debe de ser tropiezo para los hermanos. Pablo, dice eso, porque sabía del gran problema que puede ser el hacer caer a un pequeño, porque “cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” dice Jesús (Mt. 18:6). El hacer caer a un pequeño es algo digno de castigo, aunque muchas veces lo hacemos por ignorancia. Pero en esta lección vamos a aprender algunas cosas de las cuales debemos de cuidarnos para no hacer caer a un pequeño.

Con murmuraciones

A) Muchas veces no entendemos qué es murmurar. Murmurar es quejarse de las cosas — alguien que murmura de la sociedad, es alguien que se queja del gobierno, de los servicios de salud, educación, etc.— Y si alguien sólo se está quejando de las cosas que pasan en la iglesia, está mal. Santiago nos enseña que no debemos de quejarnos (Stg. 5:9). Y Pablo es aún más claro con nosotros, nos manda que hagamos las cosas sin murmurar ( Fil. 2:14). No seamos de los hermanos que solo se dedican a quejarse de todos los problemas que hay en la iglesia.
B) Pues el que murmura y solo se fija en lo malo (de los hermanos que no se congregan, de quienes vuelven al mundo, etc.), corren el gran peligro de desanimarse y desanimar a otros. Como sucedió con el pueblo judío, que cuando comenzó a fijarse en lo malo — que estaban en un desierto, no había agua, del alimento insuficiente, etc.— se desanimó; el desánimo no es bueno, pues:
* Nos hace débiles ante las asechanzas del diablo.
* Y nos induce a pecar.
Pues, ¿quién habrá empezado con recordar lo que habían vivido en Egipto?, porque ni Moisés ni Dios, mandaron recordar las cosas pasadas.

Con calumnias

A) Las calumnias no son buenas, los cristianos no deben de calumniar a nadie, mucho menos a los predicadores de la iglesia. Pablo nos manda a estimar a los predicadores, no a que los calumniemos (1 Ts. 5:12, 13), si aprendemos a estimar a los hermanos, no les levantaremos ningún falso testimonio. Muchos no han entendido esto, pues se la pasan hablando mal de los hermanos, diciendo que no viven su predicación, que son hipócritas, etc. Eso no debe de ser porque un gran mal podemos causar.
B) Las calumnias desaniman al hermano, y podemos hacerle caer (Sal. 109:20-24), el causar desanimo es orillar al hermano a que se caiga en el abismo profundo del pecado. En este Salmo podemos encontrar todas las cosas que le podemos hacer a los hermanos con nuestras calumnias. Debemos aprender a no calumniar, porque las consecuencias de la calumnia son graves. Si no aprendemos que no debemos de calumniar, debemos esforzarnos, para no ser malos elementos en la iglesia de Cristo.

Con actitudes negativas

A) En ocasiones, cuando nosotros nos comportamos de una mala manera, damos lugar a que los hermanos se molesten.
1– Cuando hacemos relajos pesados. A muchos predicadores nos gusta bromear, es en parte bueno, porque nos divertimos un rato, pero el problema esta cuando las simples bromas pasan a ser ofensas.
2– Cuando despreciamos lo que los hermanos nos dan. En muchas ocasiones, cuando visitamos a algún hermano o un inconverso, ellos nos invitan un refresco, café, comida, etc., y lo hacen por agradecimiento (en la mayoría de los casos), pero cuando no lo recibimos, ellos se molestan. En algunas ocasiones estamos enfermos, pero lo correcto sería explicar por qué no vamos a tomar o comer lo que nos den, para que el hermano o inconverso no piense mal o se desanime.
B) Lo que tenemos que hacer es tener prudencia (Tit. 2:6). Para que no lleguemos a ser tropiezo.

Con nuestras opiniones

A) No podemos dejar de opinar, pero lo que debemos de aprender es a no querer imponer nuestras opiniones como ley.
1– Muchas veces opinamos cosas que no son ni para discutir.
* No nos gusta el titulo de algún sermón.
* No queremos que los hermanos aprendan nuevos himnos.
* Pensamos que los hermanos al pedir una disculpa deben de explicar por qué erraron, etc.
Sobre esas cosas no discutamos (Rom. 14:1), porque es simplemente perder el tiempo. Si pensamos así o tenemos ideas similares, sepamos que esas opiniones nuestras, la iglesia ni ningún hermano no tiene por qué aceptarlas.
2– Muchas veces opinamos cosas en las que confundimos la doctrina:
* El corte de cabello en las cristianas.
* El pantalón.
* El exprimir la uva para el jugo, etc.
Esas doctrinas son un tropiezo a los hermanos y no debemos de enseñarlas, si las creemos así, que sean sólo para nosotros, no una doctrina para la iglesia.
B) Esa clase de enseñanzas sólo perjudica a los hermanos. Y si nuestras opiniones afectan al hermano, no las enseñemos (1 Co. 10:24). No nos creamos sabios en nuestra propia opinión.

Con nuestros pecados

A) Nuestros pecados estorban a los hermanos, lo cual ni por un momento debe de ser y muchas veces no entendemos esto, porque lo que hacemos es irnos al mudo, regresar, volvernos a ir y volver a regresar; eso es un gran mal, no debe de ser. Pedro nos enseña que debemos de ser santos en nuestra manera de vivir (1 Ped. 1:15, 16). Todos deberíamos luchar por alcanzar la madurez (2 Ped. 3.18). Todo cristiano debe de ser santo y ver que no sea causa de tropiezo.
B) Muchas veces los hermanos tienden a imitarnos, y aunque nosotros no lo queramos, sucede. Como sucedía en la iglesia de Corinto (1 Co. 1:12), que los hermanos tendían a imitar a otros. Notemos:
1– ¿Qué hubiera pasado, si Pablo, Apolos o Cefas, se hubieran ido al mundo? Quizá los hermanos que les imitaban hubieran hecho lo mismo. Pero lo que debemos de hacer es imitar lo bueno como nos enseña el apóstol Juan (3 Jn. 11).
2– Otros pusieron su confianza en Cristo. Él nunca nos va a desamparar, en Él es en quien debemos de confiar (Hb. 12:2), porque Él siempre será perfecto.

Conclusión.
Debemos de aprender a no ser tropiezo a los hermanos, debemos de ser humildes para con todos, porque si no vemos que no seamos causa de tropiezo, podemos causar un gran daño a los hermanos. Es como orillarlo a un abismo.

 

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